miércoles, 26 de agosto de 2009

Un angel descamisado en la mesa de los sueños

(sobre la visita de Hugo Moyano a la cena que organiza los lunes la agrupacion Oesterheld, el 3 de agosto de 2009)

El lunes 3 cenamos con Hugo Moyano. La mesa fue la de siempre: la de los Sueños, la que siempre encuentra un lugar, la de los Compañeros de Utopías coronada y protegida por el Comando Celestial que cada uno de nuestros lunes nos mira desde las láminas y nuestra memoria. Moyano también fue el de siempre: el valiente compañero que enfrentó al neoliberalismo en el momento en que nadie se le atrevía. El que desafió armando el MTA y enfrento en la ”única CGT” a los socios del sistema. El que denunció la Banelco de Flamarique y la flexibilización laboral. El que sostuvo, en momentos “inoportunos”, la urgencia de abandonar la convertibilidad 1 a 1 con el dólar que desangraba la patria. El que ocupó las calles contra Menem y De La Rúa y las volvió a ocupar para apoyar al modelo de trabajo y producción de Cristina Kirchner. El grandote que pone el cuerpo y el alma. El cuadro que cuenta simple la doctrina de la justicia social, la soberanía política y la independencia económica. El que expone el porqué la pasión - el sentimiento- es política cuando es peronismo, que es también cuando el dolor por la injusticia social es bronca.
Y mientras seguimos masticando el resultado electoral reciente lo escuchamos decir y empatar con nuestras almas y nuestros pensamientos. Desenmascarando a los falsarios que se visten trajes de diseño recortados de las telas de nuestras banderas. Lo vimos y oímos compartir la marcha emblema de la revolución inconclusa (inconclusa por la fuerza) y alentarnos en el sostenimiento de la lucha que trasciende las circunstancias y los lamentos.
En el salón del Tasso estaban los cuadros obreros que el Congreso necesita y se pierde por ahora: el canillita y diputado electo Omar Plaini, junto al judicial Julio Piumato; y tantos amigos/as y cumpas -que daría gusto nombrar-, compartiendo el pan y la alegría, porque el viejo Jauretche nos enseñó que los pueblos tristes no vencen y somos bien aprendidos. Que te puedo decir de lo que dijo, si era la boca del “subsuelo de la patria sublevado” la que hablaba.
Y lo queríamos oír. Queríamos escuchar la voz del hermano mayor que sosiega y abraza. Y que nunca defrauda (Tan valioso y contrastante en estos tiempos de agachadas y traiciones). Y los nombres de Perón y de Evita, que lastiman las fauces del traidor si las pronuncia, sonaron como poesía de la verba popular.
El lunes cenamos con Moyano, en casa. Y mirá que siempre nos sabemos y sentimos compañeros! Pero esa noche más.

Ariel Magirena

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