domingo, 23 de febrero de 2025

Ideales e intereses en la política argentina

 

Una doctrina dictada por el pueblo. Así definió Perón los fundamentos para terminar con los efectos destructores del capitalismo y construir Nación en uno de los países más ricos en recursos estratégicos del planeta, nuestra Argentina. La elocuencia de su proyecto y la eficacia de su ejecución le permitió ser elegido 3 veces Presidente en elecciones libres (nadie más alcanzó esa distinción). Pero también le mereció el odio de los privilegiados por el modelo colonial que no pudo terminar de demoler, en el tránsito de consumar “la felicidad del pueblo y la grandeza de la nación”, en un trípode blindado e irrenunciable: justicia social, soberanía política e independencia económica.

Perón fue un hombre de acción y ejemplo. El máximo ideólogo de la revolución que en 1943 puso fin a la década infame: 13 años de gobiernos conservadores, con elecciones manipuladas para impedir el triunfo del radicalismo derrocado con el golpe a Yrigoyen. Una farsa confesada bajo el nombre de “fraude patriótico”, que definitivamente conformaba una falsificación de la democracia.

Los dos años anteriores al acontecimiento de masas más importante de nuestra historia (el 17 de octubre del '45), realizó el trabajo de preparación formando los 100.000 predicadores que dieron sustancia al movimiento. 

No fue Perón a dar la copa de leche a ningún comedor ni organizó ninguna olla popular, ni se "arremangó" o "metió los pies en el barro" (metáforas del progresismo pobrista para enjuagar sus cargos de conciencia pequebú). Construyó la posibilidad de una democracia real de contenido social desde la que instituyó la mayoría de los derechos de cuyos jirones apenas disfrutamos.

No existe cosecha sin siembra. Nuestra bendita tierra ha sido devastada y sin los que plantan la semilla el sueño de comer los frutos se sostiene en la fantasía farisea de la providencia celestial, que cancela el mandato de ganar el pan con sudor. Por el contrario, hay una guerra por el sentido que alienta la mentira, la confusión y la fragmentación. Sobran los diletantes criticando la crítica y la propuesta. El desmedro del trabajo espiritual (cuando es de otro) cómo si quien juzga fuese moralmente superior. No hacen, lo que piden a los demás, pero se autocomplacen en su propio relato.

Perón, autor de la filosofía que expresa y propone la comunidad organizada, cumplió su papel de líder y estratega que nadie equiparó, mientras Evita -sin ocupar jamás cargo alguno en el gobierno- se desveló en los territorios entregando su cuerpo y salud en horas de esfuerzo en los que dejó la vida. Pareciera que para algunos son cualidades incompatibles, cuando son complementarias: la síntesis política de la Comunidad Organizada. 

“Por último los hombres”, dicta la octava de las 20 verdades peronistas. Pero, en el imperio del individualismo promovido, la política se resume en disputa de nombres por encima de los proyectos.

La egolatría es blasfema. Suplanta la autoridad; de dios o del pueblo. Categoriza con capricho el esfuerzo de los que trabajan por el bien común. Su capricho ensalza al maestro sobre el obrero como puede poner al operario sobre el científico. Contradice la doctrina, según la cual NO SOBRA NADIE.

Así, estamos perdiendo peronismo. No es nuevo. Más bien formó parte del peronismo como ciertos déficits en la personalidad de cada individuo, pero esta vez parece tener una dimensión suicida. El peronismo -identidad de la Patria y del Pueblo- resucitará cuando, en cada vez más de nosotros, el egoísmo ceda y nos aceptemos como pares (semejantes, nos llama la Biblia). Sabiendo que cada quien es valioso, con y en, lo que hace. Se es comunidad confluyendo y no compitiendo. 

Dijo Perón: "cuando aparece un hombre de nuestro Movimiento que lucha contra otro hombre de nuestro Movimiento puede ser lo que dice Mao, «que se haya pasado al bando contrario». Pero generalmente defiende un interés, no un ideal, porque el que defiende un ideal no puede tener controversias con otro que defiende el mismo ideal".


domingo, 16 de febrero de 2025

Peronistas y autopercibidos

 


La tercera posición justicialista no es el término medio entre la derecha y la izquierda sino una alternativa distinta -superadora y humanista- frente a las dos caras conocidas del capitalismo (el de mercado y el de Estado). 

Hace rato que el capitalismo inventó la "tercera vía" capitalista que es simplemente la adecuación del mismo modelo, que explota desde el mercado (por apropiación de plusvalía) o somete desde el Estado (por expropiación del capital y administración discrecional del trabajo).

Las verdades ya demostradas, ejecutadas y dichas se pierden en la confusión del relato para crear falsas antinomias de acuerdo con el plan de fragmentación de la comunidad en sectas intelectualizadas, que compiten con el modelo argentino y su cultura expresados en la doctrina justicialista, hoy cancelada desde los centros de poder económico e intelectual.


La cancelación de la Doctrina Justicialista permitió el secuestro de la identidad peronista. Cunde la idea de que el justicialismo es todo lo bueno que puede imaginar un individuo de buena voluntad y no su historia y sus hechos. Ser peronista es mucho más fácil así: cada quien se inventa su peronismo. 

Además de un "peronismo" socialdemócrata (presuntamente adecuado a los tiempos modernos), el veneno intelectualoide creó a los "autopercibidos" doctrinarios -que siempre tienen alguna parte de la doctrina para negar-, y a los nacionalistas "de cotillón" autoerigidos en oráculos que introducen falsas banderas -recién inventadas-, para negar al Pueblo en su cotidiano devenir y modestas conquistas.


En esta nueva "grieta" del peronismo (presuntamente interna) encontramos desde detractores de los disidentes (en algún momento van contra titanes como Jauretche, Mercante, Scalabrini o Rulli) a reivindicadores de personajes nefastos de la dictadura que derrocó a Isabel (apátridas, criminales y ladrones que deshonraron las FFAA), sólo por enfrentarse (al modo de los espectáculos de "lucha libre") al otro sector al que presuntamente "odian" pero dan entidad en su puesta en escena.


"Primero la Patria" (no los uniformes que los gorilas portan como disfraz).


"Después el movimiento" (no los que inventan "organizaciones" para tener distraídos a los pobres y sacar tajada de la política).


"Por último los hombres" (no la discusión eterna de nombres y el ego de "piojos resucitados" en los foros que ya nada representan).


"Mejor que decir es hacer". Es tiempo de siembra...o no habrá qué cosechar.

sábado, 15 de febrero de 2025

Cuando decir parece mejor que hacer

 


Cuando Milei promocionó una criptomoneda siendo diputado ningún legislador propuso juzgarlo en la Cámara. Los legisladores cobran una "dieta" porque tener una actividad lucrativa es incompatible mientras se es funcionario. 

Naturalmente no iban a objetarlo quienes lo querían candidato para disputar los votos con el otro candidato de derecha no oficialista, ilusionados de que su propio candidato (también de derecha) saliera ungido. Milei es presidente porque en ese momento no se le cobró lo que hoy repitió. 

Así que no se hagan los rulos tuiteando.

jueves, 13 de febrero de 2025

Permisos para Milei


La demolición de los últimos restos de sentido social de la economía, “avanza con libertad” profundizando el modelo de enajenación de los recursos argentinos mediante un abrupto y ostensivo endeudamiento, paralelo de la destrucción de toda expresión productiva.


La metodología para lograrlo no nos es desconocida. El gobierno de Javier Milei no pierde oportunidad de señalar agenda, y los medios, las redes y la clase política la siguen en forma automática. El resultado no es solamente eclipsar las gravísimas consecuencias del modelo socioeconómico, sino ratificar la percepción popular de que la clase política vive del Estado y recibe su renta, del ajuste a los sectores vulnerables, incluida la atónita clase media, blanca, progre y metropolitana aferrada a la ilusión de seguir siendo.


Particularmente no creo en la ingenuidad, cuando se trata de política.


Lo que no advierte una oposición sin iniciativas es que devela, con su torpeza impostada, los indicios que confirman una sospecha convertida en imputación por la mayoría del pueblo: si este modelo sigue funcionando, es porque les conviene a ellos. Decía Perón que el olfato del pueblo todo lo huele.


Toda abdicación del Estado, especialmente en materia de políticas sociales, ha sido permitida por la clase política, incluso otorgando los números necesarios en el parlamento. Para eso le alcanza con sacrificar alguno de cada sector en el momento necesario. Si se necesita, el traidor de la semana será un diputado radical, pero en la otra será un senador justicialista, y esto ocurre sin sanción. La mayoría de las expresiones de repudio u objeción de la llamada oposición no pasa de las declaraciones mediáticas o la respuesta pícara (“picante”, le dicen ahora) en las redes.


La certeza del robo desde el Estado es tan fuerte que Milei tiene permiso social para romperlo.


Las instituciones republicanas heredaron en 1983 un Estado corrompido al servicio de la oligarquía local. Pero la administración democrática del Estado no solamente no se atrevió a reconfigurarlo sino que procedió a su desguace. Ese paradigma sólo se interrumpió con la crisis de 2001 y las medidas paliativas de los presidentes Rodríguez Saá, Duhalde y Kirchner consolidadas como políticas públicas por Cristina Fernández. Pero los mecanismos de corrupción dejados por la dictadura, pese a ser moderados en las gestiones mencionadas, se consolidaron y sofisticaron. Y hoy, ya que el gobierno de Milei también lo está aprovechando, los políticos simplemente “dejan hacer”: “siga siga”, diría la jerga futbolística.


No es fácil encontrar ejemplos de corrupción explicita tan elocuentes como el del gobierno de La Libertad Avanza. Nunca había sido tan torpe y explícito, pero también tan eficaz por abdicación de la oposición. Tan inexplicable que el propio FMI, que en la gestión Macri denunció a su Ministro Caputo de endeudamiento ilícito en favor de grupos económico y pidió su remoción como requisito para un nuevo desembolso, se rindió ante su designación por Milei hace más de un año.


Vivimos una farsa económica sumada al relato político. Cada día la Argentina se endeuda mas para sostener una especie, rarísima, de inflación estable con alza del costo de vida. Pero eso es el resultado, no el motivo. El pueblo fue testigo y víctima de la corrupción en el Estado, siempre justificada con motivos políticos adentro de una narrativa particular de cada gobierno. Harto e impotente, el pueblo siente satisfacción ante la ilusión de que la destrucción del Estado (“desde adentro”) ponga fin a los abusos cometidos por aquellos a quienes les dio el voto durante 41 años. Cometidos o permitidos; autores o cómplices, en un esquema en el que con el silencio alcanza.


El proyecto de Milei es transferir los negocios que fueron aprovechados mediante el Estado por distintos políticos, a sus financistas, dueños del sistema de usura internacional. La oligarquía Argentina, los capitanes de la industria y hasta la patria contratista son sus cómplices: sus capitales siempre hicieron negocio con los gobiernos y hace años que forman parte de la elite, así que pueden tranquilamente mudar sus empresas para proveer a nuestro mercado desde el extranjero o cerrar sus fábricas para convertirse en importadores.


La última resistencia y victima fundamental del modelo, el movimiento obrero organizado, se encuentra debilitado frente a la fragmentación social, la pérdida de puestos de trabajo y la ausencia de un proyecto político. De tal modo que el sindicalismo se encuentra en las condiciones anteriores a 1943 ya que su poder y derechos les están siendo negados de facto. Cada sindicato encara su propia lucha, en defensa de sus trabajadores, desconectado de los otros; con sus bases dispuestas a renunciar a sus logros históricos para sostener la mayor parte de sus puestos; con la ilusión de que sea pasajero y con el menor costo posible.


Después de 50 años de funcionamiento ininterrumpido del modelo socioeconómico impuesto por la dictadura de 1976 (moderado en la etapa que mencionamos) Milei se propone ser quien le ponga el moño al paquete de una Argentina de regalo a los mismos poderes mundiales de los que se proclamó independiente hace más de dos siglos.


jueves, 28 de noviembre de 2024

Ideologismo y negocios en tiempos de law fare


 En la década de los 70 los intelectuales más destacados del mundo pensaban (en algunos de los casos temían) que el mundo transitaba sin pausa hacia el socialismo. Pero el sistema no estaba dispuesto a perder frente al idealismo juvenil de la época y motorizó globalmente -fundamentalmente en Latinoamérica- un modelo sangriento financiado porlas oligarquías locales y ejecutado por las fuerzas armadas -acompañadas por políticos cómplices- previa toma de facto del Estado. “Las ideas no se matan”, escribió Sarmiento en la Quebrada de Zonda en su San Juan natal, pero a los idealistas sí. Cayeron la palabra clara y el ejemplo, reemplazados por el relato y la censura. Segada la resistencia el poder fue luego -y en los términos de la democracia burguesa- a por la cultura de masas y así, en el mundo bipolar fueron las izquierdas europeas las primeras en sorprender traicionando sus postulados para fungir como administradoras del ajuste en medio de la crisis económica global. El paradigma social en la Argentina había sido ya derrotado con sangre, pero la caída de la Unión Soviética -después de convertir la más importante revolución de la humanidad en un régimen burocratizado que no ahorró crímenes aberrantes por cometer- sugirió un capitalismo inexorable; contra el que nadie podría. Las organizaciones otrora revolucionarias se rindieron moralmente y adecuaron el materialismo histórico a su contrario: la aceptación del signo de los tiempos. Del mismo modo, las organizaciones populares, influidas fatalmente por el progresismo blanco y metropolitano, pasaron de la protesta a la negociación, de la utopía al posibilismo y de aspirar a la justicia social a militar el mal menor. Sin embargo, la claudicación de los gobiernos populares no alcanzó para calmar la voracidad del capital ni para obtener tan luego su contemplación. No importó el acatamiento irrestricto de la agenda globalista ni el impulso de la fragmentación social desde el Estado para imponer la micropolítica y demoler el sentido universalidad de los derechos. El poder financiero no perdona la moderación en su plan, que significa  el intento de reducir los daños y atajar un número posible de entre los que hace caer. Para castigar a quienes hacen otra cosa, además que lo que se le ordena, ha sofisticado un mecanismo tramposo y de notable eficacia que se llama -como se lo dice en la lengua de ellos- “law fare”. El capitalismo es suficientemente elocuente para corromper a los gobiernos y gobernantes (no sólo a ellos) y se guarda las pruebas que los complican. Sirve para que una imputación falsa sea presentada entre los casos reales y justifique prejuicios ciudadanos y eventuales condenas (que primero son mediáticas).

En la alegoría de la espada, el Rey Demóstenes le explica a su súbdito de Damocles los riesgos del trono sentándolo en él, sobre el cual había hecho instalar primero un enorme filo sólo sostenido por una crin de caballo. Cada gobernante sabe que la estructura de corrupción que hereda (permanente en la Argentina desde la dictadura) es esa espada, pero no se atreve a quitarla. Así se impuso un ineludible paradigma de negociación permanente. 

Por estos días tres temas sensibles tomaron la cúspide de la agenda política desde los medios. La ratificación de la condena contra Cristina Fernandez de Kirchner, el tratamiento de la ley de foja limpia (que impediría la candidatura electoral de personas con condenas habidas por la justicia) y el nombramiento de nuevos jueces en la Corte Suprema. Este último tema incumbe sobre los otros dos y el candidato de la polémica -y de la negociación que confesó la vicepresidenta de Cristina en el PJ y senadora por Catamarca, Lucia Corpacci- es el juez al que el llamado kirchnerismo denunció como símbolo de “law fer” contra Cristina: Ariel Lijo. Aunque la disputa pública sobre estos temas lleva páginas y horas, el resultado acostumbrado de Milei saliéndose con la suya, pese a su paupérrima minoría partidaria en las Cámaras legislativas, revela una realidad que la ciudadanía asume: ninguno gobierna solo.

jueves, 3 de octubre de 2024

Universidad y resistencia: segunda marcha federal

 

Una multitudinaria y federal marcha respaldando a la universidad pública coronó una semana que propinó al gobierno de Javier Milei un azote de realidad, a la que elude con su acostumbrado relato.

Cifras de pobreza e indigencia propias de un país en guerra, encuestas que dan cuenta de una precipitada impopularidad creciente, un acto de relanzamiento de la fuerza oficialista con escasa concurrencia pese al aparato típico de la vieja política montado con el propósito de una épica que resultó caricatura, el discurso torpe de la hermana del presidente y secretaria general de la presidencia seguido por el suyo signado por la impotencia y cargado de insultos y groserías, el fracaso del canje de deuda billonaria en pesos que debió completar con recursos del mentado superávit y hasta el fenómeno de afectar a la baja el rating del programa de la diva televisiva Susana Giménez
durante su participación en nota exclusiva (que volvió a subir luego de esa entrevista) afectaron el humor siempre inestable del autócrata.

Las horas previas a la marcha universitaria dieron cuenta de un verdadero estado de locura dentro del Poder Ejecutivo. La ministra de seguridad Patricia Bullrich denunció la intención de un golpe de Estado para fin de año del que esta marcha sería una acción previa. Anunció medidas especiales en torno de la manifestación que se explicitaron en un verdadero blindaje de un perímetro alrededor del congreso que incluyó cercanías y dificultó el acceso al palco lindante con la Avenida de mayo.

El presidente Milei no quedó atrás con su comunicado oficial en el que ratifica su voluntad de desfinanciar la universidad pública para cumplir con los autores y beneficiarios del saqueo cometido durante la gestión Macri al que el gobierno Fernández dio impunidad. En su texto arremete contra los legisladores que podrían frustrarlo, acusándolos de demagogos y populistas y pretendiendo convencerlos de tratar el tema junto con el proyecto de presupuesto 2025. Del mismo modo, en tono de campaña, fantasea –ese comunicado- un “frente de izquierda populista en defensa de los privilegios de la dirigencia política”, que conformarían CFK, Sergio Massa, Martin Lousteau, Horacio Rodriguez Larreta y Elisa Carrió, presentes en la moviliación.

El apoyo de prácticamente todo el espectro partidario no oficialista de la Argentina a la causa universitaria sugiere un escollo para que el gobierno vuelva a recurrir al soborno de legisladores para un éxito como el logrado al negar un aumento miserable a los jubilados.  Mientras tanto el llamado a diálogo con la CGT -que se reunió en Casa Rosada con el jefe de Gabinete Guillermo Francos- no alcanzó a espantar el fantasma de un tercer paro general de la central obrera con adhesión total del transporte (vuelos incluidos). Este panorama podría ser propicio para el funcionamiento de los mecanismos de contrapeso que la constitución prevé para que la república no consume en autocracia. La política, que es la única en condiciones de ofrecer una alternativa -ya que ni los sindicatos, ni la iglesia, ni la comunidad educativa ni ninguna organización social tienen posibilidad de gobernar ni deliberar en representación del pueblo- se encuentra en este momento en oportunidad de juego con pelota detenida. Veremos a dónde quiere patear.

viernes, 30 de agosto de 2024

Jubilaciones. Del sistema perfecto al robo del Estado.



Al mes siguiente de haber asumido su tercera presidencia -con una mayoria irrepetible, de más del 62% de los votos-, en noviembre de 1973, el Presidente Juan Peron cerró la “semana de la seguridad social” analizando el estado del sistema jubilatorio después del golpe de 1955 y tras casi 18 años de proscripción del peronismo.

“El salario mensual (en 1943, cuando fue secretario de trabajo y previsión) era, -dijo Peron- en término medio, de 30 pesos por mes, y había una gran cantidad de peones del campo argentino que ganaban 10.

O sea, peor que en la época de la esclavitud, porque por lo menos en esos tiempos el amo tenía la obligación de mantener y cuidar al esclavo cuando envejecía.

En cambio a los peones de campo, cuando se ponían viejos los largaban como caballos, para que se murieran en el campo.

No exagero nada si digo que era tal la incuria en este aspecto que no había sino dos o tres cajas que se sostenían mediante el esfuerzo de sus propios componentes, en la Policía y algunos sectores estatales. Los demás quedaban librados a la suerte o a la desgracia de su propio futuro.

Fuimos, poco a poco, -continuó Peron en su discurso- organizando las distintas cajas, incluso las de los industriales y las de los comerciantes que también necesitaban cajas, porque no todos ellos se hacen ricos; algunos se funden y quedan más pobres que nadie.

Se trataba de que existiera una cobertura de los riesgos; de la vejez, de la invalidez y de las enfermedades. Que en la comunidad nadie quedara abandonado a su propia suerte.

No quisimos hacer un sistema previsional estatal, porque yo conocía que estos servicios no suelen ser ni eficaces ni seguros.

Preferimos instituirlos administrados y manejados por las propias fuerzas que habrían de utilizarlos, dejando al Estado libre de una obligación que siempre cumple mal.

De manera que organizamos cajas que se manejaban, se dirigían, se financiaban y se mantenían por sí mismas. Llegamos a crear el Instituto de Reaseguros para esas cajas, para que mediante un fondo común se auxiliaran mutuamente.

Jamás tuvimos el más mínimo inconveniente, y las cajas se capitalizaron de una manera extraordinaria. Fue así posible llegar a un sistema previsional perfecto, del que nada escapó. Desaparecieron los niños y los viejos que pedían limosna; las sociedades se fortalecieron y la asistencia social se montó sobre una cantidad de policlínicos, fueran sindicales, de la Fundación (Eva Peron) o del Estado, que proporcionaron la asistencia social indispensable a todos esos sectores.

Bien, señores. ¿Qué pasó después? -se preguntó-

En 1956 el Estado, acuciado quizá por las necesidades, echó mano de los capitales acumulados en las cajas, se apropió de ellos.

Eso es simplemente un robo, porque el dinero no era del Estado sino de la gente que había formado esas sociedades y organizaciones.

Y naturalmente que, después de ese asalto, los pobres jubilados comenzaron a sufrir las consecuencias de una inflación que no podía paliar ningún salario ni ninguna jubilación.

Y las cajas, que como todas las organizaciones económicas y financieras tienen su límite –el límite está indicado por su capital-, una vez que le sacaron el capital, era inútil que se pretendiera buscarle soluciones de otra manera, y el Estado tuvo que hacerse cargo de todas las prestaciones. Indudablemente, el Estado fue también impotente para eso. Las sirvió mal, tarde y, en fin, con déficit en perjuicio de los jubilados.

Hace poco mas de 15 años el histórico dirigente justicialista Antonio Cafiero señalaba al respecto del sistema jubilatorio creado por Peron en la década del 40: “En menos de una década, la totalidad de la población activa había quedado cubierta. Los fondos en gran medida fueron colocados en títulos públicos de largo plazo. Las cajas creadas funcionaron en forma independiente y dieron un superávit muy elevado. En 1953 una ley nacional confirmó su autarquía. Al año siguiente, el haber jubilatorio empezó a calcularse mediante una escala independiente de los aportes acumulados por cada beneficiario. No se quiso “hacer un sistema previsional estatal”, ni mucho menos se pretendió usar con otros fines los recursos acumulados (…) las cajas de jubilaciones de asalariados tuvieron entre 1950 y 1954 un superávit que rondaba el 4 por ciento del PBI. A partir de 1955 la jubilación media se redujo en un tercio en moneda constante. En 1968 el gobierno de facto (del general Ongania) centralizó la administración de las cajas”, creando un sistema que Peron no llegó a derogar por su muerte. “hacia el final de la década del 80 el haber jubilatorio valía menos de la mitad que en 1975, concluye Cafiero.

En 1994, el presidente Carlos Menem propone un sistema de capitalización pretendiendo emular al de Peron pero absolutamente desnaturalizado, desentendiendo al Estado de la previsión social, pero también a los beneficiarios respecto de sus aportes entregando el sistema a la banca en modo cautivo y excluyente. Los trabajadores pasaron a ser convidados de piedra en la administración del esfuerzo de su trabajo. El estado, entonces, sólo se obligó a las pensionas efectivas de antes del traspaso, por lo que durante su administración no concedió actualizaciones, lo que enardeció a la clase pasiva de la que emergió la mitica dirigente jubilada Norma Pla reclamando aumento frente a la subida en el costo de vida. El problema lo empeoró el gobierno autopercibido progresista de Fernando de la Rua que se atrevió a rebajar el monto del beneficio jubilatorio como el de los aportes privados y los salarios públicos (a los que siguieron los privados también).

Tras la crisis del 2001 con el gobierno de transición de Eduardo Duhalde, en vida del ex presidente Nestor Kirchner y hasta la estatización de los fondos en manos de las AFJP, el estado aportaba más de tres cuartas partes de las jubilaciones privadas. Por esos años se aumentaron los haberes mínimos con recursos públicos y se promovió una ley de movilidad en tanto se incorporaron más de un millón y medio de beneficiarios que estaban fuera del sistema. La tasa de cobertura previsional de personas mayores de 65 años prácticamente se duplicó en tres años y las prestaciones previsionales triplicaron su proporción en el PBI.

Pero la estatización mencionada de esos fondos, a través de la ANSeS replicó la metodología y modelo financiero. Y -aunque con mayor transparencia, planificacion y previsibilidad- postergó la normalización y aniquiló definitivamente la relación entre aporte y prestación. De hecho, se volvió a un sistema de reparto, parecido al de Ongania, con protagonismo del presupuesto nacional y lo que quedaba de las cajas que pasaron a ser compensadoras.

Ya Peron en el '73 reconocía que era imposible restaurar a quienes perdieron con su vida o su calidad de vida lo arrebatado en 1956, pero en estas 4 décadas de recuperación institucional, desde el fin de la última dictadura, tampoco parece haber sido parte del debate el saneamiento del sistema para recuperar su autarquía. Lo que parece inspirar al presidente Milei a aniquilarlo sin piedad. De la peor manera, como dejan claro la represión de las dos últimas manifestaciones de jubilados frente al Congreso y el recorte cruel de asistencia y servicios de la obra social de los pasivos el PAMI.

Si la ciudadanía lo tolera, podrá evaluarse el próximo jueves 12 durante la protesta con movilización que preparan las centrales obreras, conscientes de que se juega no sólo la sobrevida de quienes ya trabajaron toda su vida sino el futuro de los que lleguen a la edad de jubilarse.

Veamos a Perón👇🏾 https://youtu.be/hnkfhX8n1H8?si=NSIgNBQEkRDtqr6v