SEMANARIO INCÓMODO
SEMANARIO INCÓMODO
23 de septiembre de 1973. El Pueblo elige a Perón Presidente con una mayoría aluvional sólo alcanzada por él mismo en 1952.
EL PAN PARA EL QUE NO TIENE DIENTES
Pasado el momento de las elecciones del 2023 (y a la vista de los resultados con el voto masivo de repudio a vetusta clase política por parte del Pueblo que votó), Martin Ayerbe nos convocó a militar el Modelo Argentino para un Proyecto Nacional. La meta era celebrar los 50 años de aquel 1 de mayo de 1974, cuando el líder lo presentó y fundamentó en la asamblea parlamentaria.
Lo consideramos una deuda de los peronistas con su líder. Aquel fue el acontecimiento político más importante del siglo: el llamado a escribir el legado del pueblo argentino al mundo para resolver los males que acosan a toda la humanidad.
Sin embargo la estrategia de la sinarquía internacional -a través de sus agentes ejecutando el trabajo de pinzas por izquierda y por derecha contra la revolución justicialista- lo eclipsaron con un gesto que se llevó (adrede) la atención de los medios y la historiografía liberal: las columnas montoneras abandonando el acto de celebración del día de los trabajadores, que también era el primer encuentro, masivo y presente, de Perón con su Pueblo.
Medio sigo de cancelación nos parecía merecer la resurrección de aquel llamado para alcanzar los propósitos explícitos de nuestra doctrina: la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación.
Aunque no llegamos a cristalizarlo en ese gran homenaje, sí logramos introducirlo en la discusión en medio de las peleas intestinas.
Hoy -un año más tarde- otras agrupaciones y dirigentes se sumaron a levantar esa bandera que convidamos y enarbolamos.
Esa visibilización, que tuvo en Ayerbe su vocero más potente y consumó a la creación de los primeros Consejos para el Modelo Argentino en varios lugares de nuestro amado país, tuvo frutos y consecuencias.
Sobresalen dos, que sucedieron en estos últimos días:
1-el llamado del líder de la secesión de La Campora Cuervo Larroque a nuestro referente para pedir ayuda en la formación espiritual de sus militantes.
y 2-la inclusión del Modelo Argentino en el documento del Consejo Nacional Justicialista presidido por Cristina Fernández.
Ambos hechos demuestran cuán atrasados estaban los que se disputan la conducción del aparato partidario y el acierto de la iniciativa desde la humildad de las bases inquietas y atentas del movimiento.
Un logro militante del peronismo real, por encima de las superestructuras, que se metió con potencia en la agenda argentina.
Sin embargo seguimos creyendo que "mejor que decir es hacer" y no alcanza con anuncios. Los conocemos. Ya hemos "visto caminar al rengo".
Aspiramos con fervor, a que el Modelo Argentino inspire a los peronistas inconducidos, de toda la extensión de la Patria, para construir el destino del movimiento nacional.
Y comprometemos todo nuestro esfuerzo, ante la posibilidad real de que, los mismos que lo cancelaron por medio siglo pretendan aprovecharlo como campaña electoralera para finalmente reducirlo a consignas fáciles de vaciar, como nos tienen acostumbrados.
Iluminados por la Patria y por Perón, seamos los guardianes y llevemos a cabo la última tarea que Perón nos encomendó.
Pongamos fin, a la delegación de la política en burócratas, que nos trajeron a la peor derrota política que sufrió nuestro Pueblo en toda nuestra historia.
Propongámosnos, definitivamente, derrotar al individualismo para ser comunidad.
"Por último los hombres".
La Patria, ES nosotros.
Una
doctrina dictada por el pueblo. Así definió Perón los fundamentos para terminar
con los efectos destructores del capitalismo y construir Nación en uno de los países
más ricos en recursos estratégicos del planeta, nuestra Argentina. La
elocuencia de su proyecto y la eficacia de su ejecución le permitió ser elegido
3 veces Presidente en elecciones libres (nadie más alcanzó esa distinción).
Pero también le mereció el odio de los privilegiados por el modelo colonial que
no pudo terminar de demoler, en el tránsito de consumar “la felicidad del
pueblo y la grandeza de la nación”, en un trípode blindado e irrenunciable: justicia
social, soberanía política e independencia económica.
Perón fue un hombre de acción y ejemplo. El máximo ideólogo de la
revolución que en 1943 puso fin a la década infame: 13 años de gobiernos
conservadores, con elecciones manipuladas para impedir el triunfo del
radicalismo derrocado con el golpe a Yrigoyen. Una farsa confesada bajo el nombre
de “fraude patriótico”, que definitivamente conformaba una falsificación de la democracia.
Los dos años anteriores al acontecimiento de masas más importante de nuestra historia (el 17 de octubre del '45), realizó el trabajo de preparación formando los 100.000 predicadores que dieron sustancia al movimiento.
No fue Perón a dar la copa de leche a ningún comedor ni organizó ninguna
olla popular, ni se "arremangó" o "metió los pies en el
barro" (metáforas del progresismo pobrista para enjuagar sus cargos de conciencia
pequebú). Construyó la posibilidad de una democracia real de contenido social
desde la que instituyó la mayoría de los derechos de cuyos jirones apenas
disfrutamos.
No existe cosecha sin siembra. Nuestra bendita tierra ha sido devastada
y sin los que plantan la semilla el sueño de comer los frutos se sostiene en la
fantasía farisea de la providencia celestial, que cancela el mandato de ganar
el pan con sudor. Por el contrario, hay una guerra por el sentido que alienta la
mentira, la confusión y la fragmentación. Sobran los diletantes criticando la
crítica y la propuesta. El desmedro del trabajo espiritual (cuando es de otro)
cómo si quien juzga fuese moralmente superior. No hacen, lo que piden a los
demás, pero se autocomplacen en su propio relato.
Perón, autor de la filosofía que expresa y propone la comunidad organizada, cumplió su papel de líder y estratega que nadie equiparó, mientras Evita -sin ocupar jamás cargo alguno en el gobierno- se desveló en los territorios entregando su cuerpo y salud en horas de esfuerzo en los que dejó la vida. Pareciera que para algunos son cualidades incompatibles, cuando son complementarias: la síntesis política de la Comunidad Organizada.
“Por último los hombres”, dicta la octava de las 20 verdades peronistas.
Pero, en el imperio del individualismo promovido, la política se resume en
disputa de nombres por encima de los proyectos.
La egolatría es blasfema. Suplanta la autoridad; de dios o del pueblo. Categoriza con capricho el esfuerzo de los que trabajan por el bien común. Su capricho ensalza al maestro sobre el obrero como puede poner al operario sobre el científico. Contradice la doctrina, según la cual NO SOBRA NADIE.
Así, estamos perdiendo peronismo. No es nuevo. Más bien formó parte del peronismo como ciertos déficits en la personalidad de cada individuo, pero esta vez parece tener una dimensión suicida. El peronismo -identidad de la Patria y del Pueblo- resucitará cuando, en cada vez más de nosotros, el egoísmo ceda y nos aceptemos como pares (semejantes, nos llama la Biblia). Sabiendo que cada quien es valioso, con y en, lo que hace. Se es comunidad confluyendo y no compitiendo.
Dijo Perón: "cuando aparece un hombre de nuestro Movimiento que lucha contra otro hombre de nuestro Movimiento puede ser lo que dice Mao, «que se haya pasado al bando contrario». Pero generalmente defiende un interés, no un ideal, porque el que defiende un ideal no puede tener controversias con otro que defiende el mismo ideal".