martes, 28 de julio de 2009
Discurso hegemónico, objetividad y ética
martes, 7 de julio de 2009
Los medios y los miedos (el tratamiento mediático de la gripe A h1n1)
Por Ariel Magirena
El tratamiento por los medios de la Gripe A expone
aspectos profesionales y éticos que sobresalen. En primer lugar porque revela
criterios globalizados al momento de darle estado periodístico. La irrupción de
una enfermedad rara con un impacto minúsculo en la población podría haber
inspirado apenas un capitulo de una serie sobre médicos como la muy popular Dr.
House, sin embargo se convirtió en un fenómeno de la comunicación que se lleva
las portadas y ofrece, al menos en nuestro país, un suculento provecho político. Por lo que vale una vida se justifican aquí
las medidas sanitarias oficiales y el interés periodístico, sobre todo por la
particularidad de su veloz expansión, pero exige también una responsabilidad social
que está ausente. Una aproximación cronológica: en los primeros días el show de los medios se
montó sobre una medida oficial: la clausura de los vuelos entre nuestro país y
México, origen del virus mutante. El aeropuerto de Ezeiza fue ocupado por móviles
y cronistas que, de acuerdo con la línea editorial de sus empresas, cundieron
la alarma y “anticiparon” los casos
cuando aun no existían. En un país sin infectados y con medidas preventivas
radicales se alentó la psicosis mediante el poder de la imagen, cuyo objeto
fetiche fue el barbijo, convertido pronto en un fenómeno comercial. Cuando se confirmaron los primeros contagios
la campaña, con folletería y spots, del
Ministerio de Salud ya funcionaba, pero los medios salieron a buscar sus
propios especialistas y a difundir sus propias conclusiones haciendo un aporte
a la confusión muy difícil de desactivar. Mediáticos sin matricula médica, como el
presidente de la novísima organización “Médicos sin bandera” (nombre
intencionadamente parecido a la conocida Médicos sin frontera) se convirtieron
con llamativa facilidad en referentes de consulta pese a la desautorización concreta
del comité de crisis que se formó con los Ministerios de Salud y ONGs como Red
Solidaria. La adjetivación condicionó a la información y la reemplazó. De nada valieron
entonces las desmentidas de los servicios sanitarios, por cierto
sobredemandados, cuando la prensa
decretó que estaban “colapsados”. Al
fenómeno del barbijo (desaconsejado para quienes no están infectados) se sumó
el del alcohol en gel que eclipsó la recomendación fundamental del lavado con
agua y jabón (por lo menos lo que abunda aquí no daña y el abuso sólo produce
deshidratación en la piel). La ex Ministra de salud Graciela Ocaña pasó en muy
pocos días de responsable a mártir por el sólo (aunque no menor) hecho de su
renuncia. Del mismo modo se califican
sospechosas – y se analogan caprichosamente con las del INDEC- las cifras que
se difunden de infectados y muertos, y
se responsabiliza al Gobierno Nacional, cuando surgen de datos de los
municipios y las provincias. Los canales
de noticias dan la información general compartiendo pantalla con una placa
catástrofe sobre la Gripe A o con la reiteración en videograf en la parte baja
del cuadro. La lógica mercantil de los medios trata a la enfermedad como un
producto generando rating y negocios,
pero también efectos políticos. Es evidente que no busca esclarecer ni paliar
el azote. La agenda periodística está marcada y nadie puede escaparle. Los
medios públicos están obligados a seguirla aunque persigan otra lógica y sean
débiles en el cometido de torcerla, pero no parecen seducidos a marcar la suya.
En medio de la confusión resalta la ausencia de una propuesta esclarecedora y
responsable que se ofrezca como alternativa por necesidad y urgencia. En un
proyecto estratégico de comunicación, como en el cercano caso de Brasil, la
agenda pública -política, sanitaria, educativa o de seguridad- penetra los
medios (no solo los estatales) y sus productos
(las telenovelas, los noticieros, los talk shows…). Los personajes que aquí ”chivean” un café o
una mayonesa, por esos lados forman conciencia incorporando el uso de
preservativos, el valor de la lactancia o el repudio del racismo, por mencionar
ejemplos. Sin llegar a ese ideal la Gripe A podría aparecer en programas
especiales y en micros puntuales que protagonicen las grillas desplazando
anuncios publicitarios u otros subalternos. Estamos a tiempo.
jueves, 17 de julio de 2008
La naturaleza del escorpión. (a propósito del "voto no positivo" de Cobos
17 de julio de
2008
Por Ariel Magirena
Lector intenso e
irredento, me tocó en varias oportunidades encontrar citada por distintos autores, de un exagerado
abanico entre Milan Kundera y Paulo Cohelo, la parábola del escorpión y la
rana. Aquella en la que el escorpión convencía a la rana de cruzarlo a la otra
orilla del rio con la promesa de no picarla y el fundamento irrefutable de que
traicionarla los llevaría a ambos a la muerte. El final es el del escorpión
hincando su aguijón y justificándose: “es mi naturaleza”. Justificación, por cierto, más digna -de una
dignidad póstuma de hecho- que la que
hubiera sido declarar que no hubo traición sino un modo de fidelidad que “la
historia juzgará”.
“Ya no venimos por las
retenciones” dijo Alfredo de Angeli en su discurso del martes. Puede una
porción poco avisada de la sociedad haber creído que el debate parlamentario
centró sobre una diferencia de menos de 2 mil millones de dólares en la
recaudación, o que se debió a la obstinación de un gobierno que no quiere
perder ni a la bolita; pero no se le escapó a ningún político ni empresario y
mucho menos a los actores de esta confrontación, que se trató (se trata aún) de la puja entre
dos modelos de país: el de la Argentina del primer centenario, cuando era una
de las primeras potencias económicas del mundo del que se consideraba granero a
costa de la exclusión y postergación de sus mayorías, o el de la Argentina de
la inclusión, la redistribución de su
riqueza y el desarrollo, que irrumpió en la década del 40 y quedó
dramáticamente inconclusa a fuerza de bombardeos a la plaza de mayo,
fusilamiento de resistentes, sucesión de asonadas militares y desaparición de
personas (síntesis forzada por motivos de espacio).
Es en este contexto en
el que se juzga la traición de Julio Cobos al voto popular de octubre de 2007,
y que lo pone a compartir el cuadro de honores con la Sociedad Rural, Luis
Barrionuevo, Alfredo “80 pesos por el lomo”
De Angeli, Carlos Menem, Elisa Carrio, Cecilia Pando, Patricia Bullrich
Luro Pueyrredón y Claudio Lozano (que no se saca la foto pero le firma el
autógrafo) entre otros próceres (vayan imaginando la composición de una lista
sábana). La de Julio, iluminado por el
dios de Lilita, fue una salida verdaderamente Radical (léase como sustantivo
propio). El mismo radicalismo que se
suicidó en el fanatismo de la convertibilidad sostenida con represión y que
recibió, tarde pero seguro, todas las
facturas por sus agachadas históricas que van desde la Unión Democrática hasta
las leyes de impunidad, pasando por las proscripciones políticas, el llamado ante
los cuarteles y la provisión de
funcionarios a los gobiernos de facto (para síntesis, reconozco, peor que la
anterior).
Para el gobierno es otra
prueba de su acierto en la opción por su base de legitimidad, la clase
trabajadora y el campo popular. La lectura es simple. La gestión de Néstor
Kirchner afectó la matriz distributiva atendiendo las urgencias y logrando una
recuperación económica que favoreció en modo privilegiado a la clase media. (Es
ocioso ahora recalcar los logros en materia de justicia y derechos humanos.
Sigo.) Sin paradojas, esa clase media
optó en considerable medida por las alternativas opositoras en las elecciones
de octubre, cuando mayoritariamente los asalariados y la fidelidad peronista
ungieron a Cristina.
La jugada artera de
Cobos resuena en ese lugar del corazón en el que ya la sospechábamos. Y aunque
fuera la deseada para la derecha, descubrirá que habrá sido la inesperada si el
gobierno decide, por fin, encaminarse hacia una verdadera política de masas y utilizar,
definitivamente, los recursos del Estado (no solo los económicos) para provocar
el reclamado shock distributivo que viene
de la mano de la obra pública de infraestructura, la social, la generación de
empleo, el acceso al crédito y la recuperación del salario. Un modelo que ataca
sin ambages las necesidades de las mayorías y cuya sintonía, como en otros
momentos de la historia, tendrá a millones para defenderlo dejando como una
pálida reunión al acto destituyente que tuvo lugar el martes en el más
emblemático de los barrios ricos de la capital, al que sus asistentes se movilizaron en ascensor (la inefable Lilita los llamaba
“bajen” y el revelado Buzzi les decía “compañeros de los balcones”). Los argentinos tenemos una oportunidad
histórica de imaginarnos y construir un país luego de la tragedia, pero la
fractura del sistema de partidos no sirvió para desarrollar nuevos espacios de
representación. Los problemas de la democracia se resuelven con más democracia
pero las corporaciones (con un rol estratégico cumplido por los medios de
comunicación) nos quieren convencer con el argumento del “consenso” que se
interpreta fácil: ustedes serán más pero pongámonos de acuerdo en lo que yo
quiero.
Se escucharan por
estas horas las voces de los preclaros representantes de nadie que declaman la
revolución pero repudian la identidad peronista de la gran parte de nuestro
pueblo. Los mismos que le reclaman a Kirchner por atreverse a devolverle
sustento ideológico al único partido en pie, que sigue vivo por haberle dado
alguna vez y para siempre la posibilidad al pueblo trabajador de participar del
concierto político, pedirán ahora mesura y reconversión del discurso al
gobierno de Cristina. Y hasta habrán de recomendarle que se deshaga de algunas
piezas que quedaron del tablero de Néstor e incluso que se despegue de él y le
haga pagar el costo.
A Cobos, claro, nadie
lo va a echar. Quedará allí para ser señalado con un dedo acusador (que será gigante
en las elecciones de 2009) mientras le duren la cobardía para retirarse
(indignamente, pues ya no le queda otro
modo) o los aplausos de la claque.
sábado, 8 de marzo de 2008
Discurso hegemónico, objetividad y ética.
Ponencia premiada en el 1er Congreso Mesoamericano de Periodistas . Chiapas -Mexico_ 3 al 8 Marzo 2009
Ariel Magirena : Argentina
Nunca como hoy la relación entre medios de comunicación y poder había respondido con este nivel implacable de dialéctica al punto de romper los paradigmas fundamentales del periodismo. Ante la abundante literatura acreditada existente, vamos a saltearnos el análisis de cómo llegó el capitalismo en su fase más perversa, el neoliberalismo, a instalarse como discurso hegemónico y a diseñar ideológicamente la estructura actual de la propiedad –la concentración- de los medios de comunicación de masas, para intentar abordar la problemática del ejercicio del periodismo, que hoy entraña, como nunca, la pertenencia de clase de los trabajadores de prensa. Probablemente esta conciencia sea uno de los escollos más visibles al momento de pensar y discutir los aspectos de incumbencia social como los de organización y lucha gremial en el ejercicio de nuestra profesión. Convertida la información en mercancía y los medios en escaparates el actual modelo informativo no necesita periodistas más que vendedores. Así el modelo del, o la, periodista exitosos es el de mayor exposición, investido de un poder que aquilata sus capacidades de seducción y de persuasión. Un modelo individualista y superficial que forma “estrellas” que están por encima de la sociedad y de las relaciones de clase. Un modelo que es doblemente mentiroso al sugerir a sus estrellas periodísticas que son más importantes que la mercancía que venden, ocultándoles que ellos mismos son una mercancía. Un modelo que también vende vendedores.
Sabemos que la palabra expresa el pensamiento, por lo que también influye en el pensamiento. La desaparición de categorías en el relato social, cuidadosamente secuestradas en la guerra semiológica, implica la clausura de conceptos que describen la lucha de clases con la intención de que lo que no se describe no exista. Así en la argentina, laboratorio de preferencia del pensamiento colonial, el discurso hegemónico virtualmente suprimió de la lex política la denominación del “pueblo”, eje, protagonista y sentido de la lucha social, por el lavado apelativo a la “gente”, categoría preferida por la inmensa y reaccionaria clase media que entiende así excluyentemente a sus pares. Del mismo modo se inaugura la universalización de categorías como regalo a las oligarquías o las nuevas burguesías, como está ocurriendo respecto del conflicto de intereses desatado por los terratenientes en relación con la renta extraordinaria de las exportaciones agrícolas, a quienes, graciosamente, la prensa liberal califica de “campo”, pese a que representan el tercio de los propietarios y el 5% de la capacidad productiva (medida en fuentes de trabajo). Así también, sólo como ejemplo, los residentes de los barrios más carenciados son “habitantes” u “ocupantes” en oposición abierta a “ciudadanos”, o los niños en delito no son sino “menores”, hoy bandera de la campaña sobre la “inseguridad”.
Casi está de más decir que esta clausura de categorías impone también la agenda periodística y habilita el “relato” de la realidad que, por cierto, está embebido de la estructura ficcional que funde y confunde la información con el show. Pese a que el análisis científico de los medios revela la grosería con la que se aplican los mecanismos de manipulación el sistema cuenta con que la prensa está formada con su modelo discursivo y su perspectiva. De tal manera que no necesita que cada redacción tenga en sus mesas “cuadros” ideológicos que marquen el sentido editorial o actúen como policías del pensamiento. Si no posee pensamiento crítico, el periodista liberal reproduce “naturalmente” el discurso y la perspectiva dominantes. Los medios degradan, corrompen y sustituyen el sentido común mientras encorseta a los periodistas y comunicadores en paradigmas vetustos pero que le son favorables. El primero es uno de los mitos mejor instalados y convertido en valor y prejuicio: la objetividad. Los medios de masas no necesitan ser objetivos sino simplemente declararse así, del mismo modo que se titulan “independientes”, y replican a los medios, y periodistas efectivamente independientes, exigiéndoles “objetividad” en un escenario en cuya composición sólo aparecen los elementos por ellos seleccionados. La reivindicación de la objetividad periodística busca anular al periodista y al comunicador como “sujeto” para tenerlo como “objeto”, como herramienta. De hecho la objetividad es el atributo de los objetos; la de los sujetos, la subjetividad. Es aquí donde se impone declarar un frente de batalla en la guerra semiológica: el periodista no será objetivo sino, veraz, profundo, responsable y contextual, todos ellos valores éticos fundamentales y excluyentes.
Pero qué pasa con los comunicadores que no son periodistas? Para desgracia del modelo liberal no están formados en sus claustros ni en sus empresas y, aunque no dominen las técnicas ni la teoría de la comunicación de masas, son la voz emergente de un contexto social definido, aún cuando innominado. Y representan, probablemente, la trinchera de la verdadera contra –comunicación frente al discurso único reproducido en cadena mundial. Los medios de producción alternativa, como de propiedad alternativa son, sin necesidad de tener un discurso único, los verdaderos representantes del valor de la comunicación: la diversidad. De voces, de pensamientos, de ideas, de culturas, de estilos, de estéticas, de sujetos sociales.
La argentina se prepara para discutir una nueva ley de servicios audiovisuales que reemplace a la ley de radiodifusión impuesta por la dictadura más sangrienta de su historia. Significará el saldo de una larguísima deuda que tiene la democracia cuyos antecedentes democráticos más cercanos se encuentran en el gobierno peronista de la mitad del siglo pasado: el estatuto del periodista, de 1946 y el derecho popular a la comunicación y la información que formaban parte de la constitución revolucionaria de 1949, que debieron ser incorporados, junto con otros derechos, por la presión popular, en la constitución que impuso la dictadura de 1955 y sobrevivieron hasta la que rige hoy desde 1994. Con una concentración inédita de la propiedad de los medios, convertidos, como calificara Nicolás Casullo, en el partido de la derecha de mi país, por primera vez se discutirá el fin de los monopolios y el derecho de las organizaciones sociales, comunitarias y el Estado, de ocupar equitativamente el espectro. Un desafío que es una ofrenda para una democracia de contenidos y una responsabilidad para los periodistas que reconozcan su rol social, su pertenencia de clase (trabajadora), y su categoría política: pueblo. Pero fundamentalmente un paso gigante en la disputa continental contra el pensamiento colonial.
viernes, 4 de enero de 2008
La Boca del Ganso. (sobre el escándalo de las valijas de Antonini Wilson)
El caso de la valija con casi 800 mil dólares que el empresario estadounidense de origen venezolano Guido “Alex” o “el gordo” Antonini Wilson entró sin declarar a la Argentina es una gran oferta de especulaciones que busca distraer puntos sustanciales para la resolución de los hechos. Para comprenderlos se hace obligatorio contextualizar. Por empezar, la especie sobre el presunto destino del dinero –la campaña electoral de Cristina K- se publica a 48 horas de la asunción de la flamante presidenta y de su discurso inaugural en el que ratificó la voluntad argentina en relación con la unidad política regional. Fue también a las 72 horas de la suscripción del acuerdo de la creación del Banco del Sur. Sorprendentemente los mas lúcidos y prestigiosos periodistas y analistas de la coyuntura omiten cuestiones fosforescentes.
7-Porqué esa causa deriva en un escándalo político que involucra al nuevo gobierno argentino mientras pone a los estados unidos en el papel de vigía moral allí donde no tiene jurisdicción para juzgar.
8-Porqué a nadie llama la atención que el empresario norteamericano de origen venezolano ingresara a la Argentina con pasaporte de Venezuela pero saliera con el de Estados Unidos.
10- Porqué, si Antonini Wilson fue correo para el traslado de dinero para la campaña de cristina k, un presunto agente venezolano tuvo que decírselo a posteriori, en Miami y tan oportunamente ante micrófonos?
Los hechos en Miami
En este mismo tramado sospechoso aparece el abogado argentino Guillermo Ledesma, contratado por el bufete Di Vénere-Maionica-Rossini-
Objetivamente la posibilidad de manchar con sospechas al nuevo gobierno argentino implica, si no una forma mediática de intentar un golpe de estado, lo que en la Argentina futbolera llamamos marcar la cancha. En los potreros significa trazar el límite dentro del cual se puede desarrollar el juego. Una señal que sólo puede responder a los intereses del capitalismo central y su gerente, Estados Unidos - además de sus socios locales- sobre todo en el marco de la unidad regional que avanza y se consolida. La maniobra es oportuna también en relación con Venezuela buscando golpear al presidente Hugo Chávez a pocos días de que su propuesta de reforma constitucional fuese rechazada por ínfimo margen en el plebiscito.
la ruta del dinero

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