miércoles, 26 de agosto de 2009

Cultura y politica en el peronismo

(Publicado en el periódico Miradas al Sur el 29 de marzo de 2009, a propósito de un artículo homónimo de Alejandro Horowicz, del 15 de marzo en el mismo medio)


La identificada “intelligenzia” argentina sobre la que escribió Jauretche quedo “fatalmente ligada” al pensamiento colonial y a prejuicios sociales de tipo racista.” Alpargatas si, libros no” fue la expresión de la compulsa entre la cultura de masas y el modelo extranjerizante en el momento en que la primera fue convidada por el peronismo a participar del debate de un modelo de Nación. En ese contexto la frase de las alpargatas es la síntesis que el nuevo actor social encontró en el lenguaje que todos podían entender: una perla de la comunicación; una joya del marketing directo con el defecto de no haber salido (o si??...) de los claustros.
“La gran masa del pueblo” interpretó enseguida que la nueva Nación que estaba invitada a construir tenía en la universidad a la escuela de los sostenedores ideológicos del modelo que los había explotado y sometido… y le marcó la cancha. Acaso algún ignorante sugiere que el peronismo, que en su 1º y 2º gobierno invirtió y desarrolló en educación por encima de la suma de todos los gobiernos anteriores y posteriores en el siglo XX tenía como proyecto el analfabetismo? Alguno supone que los obreros que cantaron la consigna de las alpargatas dejaron de mandar a sus hijos al colegio? Sabemos todos que no. El problema era de quienes sostenían la batalla cultural en la comodidad de los dos paradigmas dominantes - el capitalismo y el comunismo- y ambos rechazaban al nuevo e inesperado monstruo, al que fanática e irracionalmente ponían en las filas del otro (la izquierda lo llamó fascismo y la derecha lo tildó de comunista).
Todo proceso de cambios produce dolor. Aun cuando se plante en términos pacíficos como el peronismo. Aunque no fuera ortodoxa, no era más que la simple (o compleja) cuestión de la lucha de clases en el momento en el que la izquierda gorila abdicaba de su bando natural. Abdicación que la izquierda sindical no acompañó: es emblemático el aporte de comunistas y socialistas, delegados de base o dirigentes, al trazado de la doctrina naciente y nuevo paradigma. Pero esa abdicación de la intelectualidad de la izquierda conservadora (que termina socia del embajador estadounidense y la derecha en la célebre Unión Democrática) no fue emulada por su par del pensamiento nacional, pero para algunos Jauretche, Scalabrini, Manzi o los “traidores” Cooke, Puiggros o Walsh están fuera de la categoría.
Queda patentizado grotescamente que el claustro no podía soportar 2 reformas en menos de medio siglo: la autonomía y la apertura social. La primera la había puesto en sus propias manos al servicio de un nuevo modelo educativo, pero la segunda la pondría al servicio de un proyecto de Nación. Cómo se dio esa puja está vinculado al modo de dirimir la política en el contexto histórico-socio-cultural. Los reformistas no tuvieron problema para desarrollarse y multiplicarse durante los lapsos pseudo-democráticos en los que el peronismo estuvo proscripto. Mal podía el referido “2º peronismo”, la resistencia –que contaba con sus propios intelectuales (Marechal incluido) tener alguna simpatía con quienes nunca alzaron la voz a su favor, o al menos desde una perspectiva “demócrata” objetaran la proscripción… por el contrario en actitud desvergonzada por conservadora aquella intelectualidad seguía prefiriendo batallar con su némesis clásica.
Para su desdicha el nuevo paradigma, el peronismo, se había infiltrado en la sociedad. Como fenómeno cultural y masivo salía de los hogares y de las fábricas y se reproducía. No se podía decir “Perón” pero se pensaba “Perón”. Y los jóvenes formados en la negación cínica del peronismo pudieron leer en los espacios vacios del discurso cotidiano. Y claramente decía “Perón”. “Perón” pensaba el pueblo y lo pronunciaba en los actos clandestinos del caño, la tiza o el carbón… o en la jerga en la que todo - el macho, el hombre, el que te dije, el viejo, papá, el general o el coronel…-todo quería decir “Perón”.
El autoengaño era grosero cuando el artículo 14 bis de la repuesta constitución de 1853, incluido por decreto para arrasar la constitución del ’49 tras el golpe de la “fusiladora” decía “Perón” y la ley de contrato de trabajo decía “Perón” y las escuelas y obras públicas que no se atrevieron a demoler (porque a otras se atrevieron) decían “Perón”.
La muerte de Perón signo sin solución el referido 3º peronismo entre el entusiasmo del luche y vuelve, el gobierno de Cámpora, la estrategia de Perón, el Isabel-lopezreguismo, los anticuerpos que expulsan a “lopecito” y consiguen las elecciones anticipadas y el golpe genocida del cual los peronistas fueron víctimas preferenciales. Sucumben también los claustros por su composición peronista y de izquierda.
El artículo de Alejandro Horowicz es una pieza de colección. Tiene el valor de una pictografía de hace un millón de años al lado de las expresiones actuales de la izquierda madura aliada al pensamiento nacional y latinoamericanista como la que se expresa y convive en Carta Abierta, que reivindica el análisis crítico y reconoce la compulsa entre dos proyectos antagónicos que, con la forma que hoy ostente, sigue siendo “colonia o Nacion”; postergando a sabiendas y responsablemente debates subalternos o retardatarios para acompañar en el momento oportuno –que es cuando las cosas están ocurriendo- a un gobierno que toma medidas soberanas y de trascendencia histórica, sin asustarse de la identidad peronista de su parte principal. Como FORJA: aquellos intelectuales que fueron depuestos junto con el peronista Leopoldo Marechal.


Ariel Magirena (periodista)

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